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Archive for 24 marzo 2011

“THE BIG C”

¿Qué harías si te quedara un año de vida? 

Así de simple. Sólo esta pregunta cimienta el argumento de The Big C: la historia de una mujer a la que diagnostican un cancer terminal de piel y decide responder a esta pregunta de la única forma posible: “vivir”

The Big C es uno de los pocos estrenos de este otoño 2010 que ha merecido la pena. Aunque al principio, debo confesar, no me entusiasmó demasiado, pero he terminado la temporada declarándome fan. La serie es un soplo de aire fresco, con una temática muy peliaguda y complicada, tratada desde un punto de vista optimista, incluso alegre. Una serie muy vitalista que, a pesar del drama detrás de su argumento, te deja muy buen cuerpo casi siempre. Y eso es complicadísimo, ¿no?

Cathy (sublime Laura Linney, espectacular) se nos presenta como la típica ama de casa infeliz porque ha estado siempre viviendo la vida de otros: su marido, su hijo, su hermano, sus alumnos… En el primer capítulo adivinamos lo que fue una mujer gris e invisible, insulsa y aletargada, a la que una pesadilla como la del diagnóstico de su cáncer le hace despertar del mal sueño que han sido los últimos 15 años de su vida. Y entonces, desaparece ese personaje al que sólo conocemos de 10 minutos pero que no podemos evitar que ya nos caiga algo antipático y aparece esa otra mujer, “La Gran C”, Cathy, a la que, creedme, adoraremos el resto de la temporada.


En realidad, el cáncer es sólo la excusa para tratar el eterno “carpe diem” o, el más cool,  “seize the day” (recordemos al profesor chalado de community!). Pero van algo más allá. Porque a la pregunta ¿qué harías si te quedara un año de vida? todos sabemos responder “vivirla”, pero nadie dice “antes de nada, asimilarlo” que es una respuesta incluso más evidente que la primera. El carpe diem ha ido degenerando en un concepto demasiado romántico: vive la vida! sólo importa el presente! Pero este mensaje es demasiado luminoso y optimista y, para poder entenderlo, del todo, necesitamos ensombrecerlo con lo que realmente le da sentido: la muerte. Vive la vida, porque se acaba. Y en The Big C nos enseñan a vivir la vida, con las apresuradas ocurrencias de Cathy para aprovechar el momento, con las diferentes filosofías de vida de los personajes (Sean, Paul, Margene,… ); pero nos enseña también a entender y aceptar el importante papel de la muerte en todo esto.

 

En esta primera temporada nos cuentan la primera parte de la historia de Cathy: el verano en el que descubre que tiene cáncer. Durante ese verano, en los 13 capítulos de los que se compone la temporada, podemos ver ya cómo evoluciona la manera en la que Cathy se enfrenta a su diagnóstico. Al principio, decide no contárselo a nadie y tenemos una protagonista solitaria, cínica y algo desconectada del mundo que lo único que desea es meterse en una piscina y bucear hasta el fondo. Aún no sabe qué hacer, cómo lidiar con esa noticia, ni siquiera alcanza a comprender lo que significa. Sí bueno, me voy a morir, pero todos morimos, ¿no? no es para tanto. Se obsesiona más con los demás, la forma en la que ellos lidiarán con su muerte (que no su enfermedad) y con su legado, poder “terminar” de educar a su hijo, ayudar a sus allegados, dejar algún tipo de huella en esa vida modélicamente monótona.

Conforme se va haciendo a la idea, cambia su actitud y se convierte en todo aquello que nunca ha sido. O en lo que una vez fue, quizás, fugazmente, durante su juventud. Lo que todos hemos sido, al fin y al cabo: INMORTALES. Despreocupados, temerarios, ingénuos, semi-tiranos, y algo estúpidos, pero sobre todo insultantemente felices. Cathy sale del fondo de la piscina y empieza a disfrutar la vida en la superficie. Y con esa brillante metáfora evolutiva, vemos ahora a una “nueva” mujer con un carácter y personalidad desbordante, dispuesta a vivir SU vida y no la de los demás, dispuesta a ser feliz. Cathy aprende a ser egoísta, hace lo que quiere cuando quiere. Se mantiene en su decisión de no compartir su diagnóstico, pero no lo hace por “proteger” a los suyos, si no para que nadie pueda decirle lo que debe o no debe hacer. Aquí tenemos algunos de los capítulos más divertidos de esta temporada y terminamos de enamorarnos ciegamente de la protagonista, llegando al punto de que nos cuesta ver lo cada vez más reprochable de su comportamiento (hasta el flamante bofetón que le atiza Marlene en uno de los capítulos)

Ese comportamiento poco a poco se va volviendo cada vez más anarquista y caótico, obligando a Cathy a frenar y replantearse si está haciendo las cosas bien o no. Pasado el “subidón”, abre los ojos y mira a su alrededor: su marido, su hermano, su hijo,… Y aquí es cuando empieza a entender, a asimilar, lo que significa su enfermedad. Y a querer pelear. A no resignarse, al menos. La última fase de la serie es la más intensa; el capítulo 11, titulado “New Begginings” marca las líneas de la segunda temporada y nos muestra una historia y personajes renovados, un giro en el argumento que se adivina algo más grave para el siguiente año. En definitiva, se acaba el verano, y empieza el otoño.

Hay un montón de cosas que comentar sobre “the Big C” (“con C mayúscula” se titulará en España), sus personajes son maravillosos y merecen un post individual para cada uno, pero eso lo hablaré más adelante.  La serie se estrenará en España a través de Canal+, a partir del sábado 26 de marzo. No se la pierdan!
“con C mayúscula” se emite en Canal+ los sábados a las 22:00 (a partir del 26 de marzo)

Downton Abbey

17 marzo, 2011 2 comentarios
Aprovechando que acaba de estrenarse en Antena 3 qué mejor que comentar esta nueva serie que ha sido una de las que más he recomendado en los últimos meses. Julian Fellowes es el responsable de esta maravilla, el mismo escritor de “Gosford Park” película premiada con un Oscar al mejor guión original y con temática similar. 

Downton Abbey se ambienta en la Inglaterra de principios de siglo XX, y nos descubre la vida de la noble familia Crawley y los sirvientes de su castillo. En líneas generales se trata de una serie “ligera”, para cualquier tipo de público, pero tiene algo especial, que cuesta identificar y que es lo que hace que te sumerjas de lleno en ella. El argumento inicial es bastante simple y, por qué no, algo manido también. Pero la serie no trata sobre las diferencias entre señores y vasallos (de hecho, inevitablemente percibiremos a ambos grupos como miembros de la misma gran familia) y si lo hace, es siempre de una manera muy sutil (como el comentario de Anna “sólo por una vez me gustaría dormir hasta despertarme por mi misma”) y quizás sea aquí donde gana. El hecho de contar con personajes situados en diferentes estamentos sociales es más una excusa para crear situaciones más variadas y completas que el argumento de la serie en sí.

 

Así que, además de la interpretación del elenco, la cuidadísima y espectacular ambientación, una realización perfecta, contamos con lo más importante, que es muchísima acción. Y eso nos mantiene pegados a la pantalla. El ritmo es trepidante, con saltos temporales de varias semanas en cada capítulo, numerosas intrigas entre personajes y referencias históricas que afectan personalmente a los protagonistas. De hecho, la acción comienza con la noticia del hundimiento del Titanic que inicia toda la trama de la serie, al perder los protagonistas a sus herederos en el accidente.

Todas las series británicas, al contar sólo con 7 u 8 capítulos por temporada tienen más acción, pasan muchas más cosas, y sin duda es un soplo de aire fresco para espectadores maltratados con capítulos de relleno. Pero como todo, tiene un aspecto negativo y es que se pierde profundidad en los personajes. Y esto se nota mucho, muchísimo, en Downton Abbey, acentuado además por el hecho de tratarse de un drama coral. Conoceremos y nos encariñaremos enseguida con todos los personajes, están bien definidos, pero con trazos fuertes y simples que sacrifican los detalles. Se nos antojarán muy arquetípicos y demasiado perfectos, sin dobleces.

En este sentido, la serie es quizás demasiado “romántica”, valga como ejemplo la figura de Robert Crowley, el patriarca y señor del castillo, un hombre muy noble, bondadoso, inteligente y comprensivo… quizás demasiado bueno para ser cierto… Y los villanos son muy “clásicos”, tan malos tan malos, que parecen de culebrón. Pero esto no desemerece la calidad de la serie; en realidad el ritmo de acontecimientos es tan rápido que no echamos de menos el ahondar más en los personajes. Por otro lado, el elenco es excepcional, me han gustado particularmente Maggie Smith, veterana actriz que da vida a la Duquesa, el personaje objeto de mi mayor simpatía en la serie, y Brendan Coyle que interpreta al severo pero cálido mayordomo John Bates.

 

Del guión, además de su buen ritmo, me gustan especialmente los diálogos que entreven el modo de vida y los esquemas sociales de la época, que a ojos del espectador del siglo XXI resultan tan chocantes, que se transforman en comedia. En el primer capítulo por ejemplo, una de las doncellas reconoce que la electricidad le asusta y se pregunta para qué diablos querría nadie instalarla en la cocina. Hay multitud de referencias como ésta y alguna especialmente hilarante como cuando la Duquesa pregunta en uno de los capítulos “¿qué es un fin de semana?”.

En definitiva, es muy recomendable y aprovechando que Antena 3 se ha decidido a traerla a España no dejen escapar la ocasión de verla. Mientras, yo seguiré esperando con ansias la segunda temporada.

Downton Abbey se emite en Antena3, los martes a las 22:00